¿Cómo es el proceso de sanar?
Atención a Pacientes

¿Cómo es el proceso de sanar?

A veces imaginamos que sanar es avanzar.

Que un día entendemos lo que nos pasa, trabajamos en ello y, a partir de entonces, todo comienza a mejorar de manera más o menos constante.

Pero sanar no es un proceso lineal. No es una línea ascendente en la que cada día estamos un poco mejor que el anterior.

Hay avances, retrocesos, momentos de mucha claridad y otros en los que volvemos a sentirnos atrapados en aquello que creíamos haber superado.

Y eso no significa que hayamos vuelto al punto de partida.

Sanar implica aprender nuevas maneras de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con aquello que nos ocurre. Y aprender algo nuevo requiere tiempo, práctica y, muchas veces, equivocarnos.

Por eso, en terapia, no buscamos que nunca más aparezca aquello que nos genera malestar. Buscamos poder reconocerlo antes, comprender qué está pasando y tener más recursos para responder de una manera diferente.

Siempre les digo a mis pacientes que esto es parecido a aprender a lavarse los dientes con la mano izquierda, si eres diestro.

Al principio es incómodo. Cuesta. Necesitamos estar muy conscientes de lo que estamos haciendo. El movimiento no es automático y probablemente no lo hacemos con la misma precisión. Pero insistimos. Todos los días usamos la mano izquierda y, poco a poco, comienza a sentirse menos extraña.

Hasta que una mañana, medio dormidos, volvemos a tomar el cepillo con la mano derecha. ¿Fracasamos? No. Simplemente volvimos, por un momento, a nuestra manera conocida de hacer las cosas.

Lo importante no es castigarnos por eso. Es darnos cuenta. "Ah, otra vez estoy haciendo esto." Mirarlo. Preguntarnos qué pasó. Quizás hubo cansancio, miedo, estrés, una situación que nos activó o simplemente un momento en que nuestros recursos no alcanzaron. Y entonces volvemos a intentarlo. Volvemos a la mano izquierda.

Eso es sanar.