
¿Fluir o luchar?
El vaso es el mismo. El agua es la misma. Pero una persona flota y la otra se ahoga.
¿Qué cambia? No necesariamente lo que está afuera. Cambia la manera de estar dentro de eso que está ocurriendo.
A veces la ansiedad nos lleva a luchar contra el agua. Intentamos controlar lo que no podemos controlar, anticiparnos a todo lo que podría ocurrir, encontrar una solución inmediata, evitar sentir, pensar y repensar. Y mientras más luchamos, más nos cansamos.
Porque sostenernos permanentemente en resistencia también agota.
Hay momentos en que la vida se siente así: como estar dentro de un vaso que parece demasiado pequeño, con un nivel de agua que sentimos que no podemos manejar.
Pero también podemos aprender otra manera de estar. Con trabajo personal, con herramientas y, muchas veces, con acompañamiento, podemos aprender a soltar un poco. A dejar de luchar contra aquello que no podemos cambiar y comenzar a distinguir aquello sobre lo que sí tenemos capacidad de acción.
Aprendemos a confiar más en nuestros recursos, a pedir ayuda, a tolerar la incertidumbre, a aceptar que quizás no necesitamos tener todo resuelto para sentirnos un poco más seguros, y también aprendemos a nadar.
Porque flotar o fluir no significa quedarse inmóvil ni resignarse. Significa dejar de gastar toda nuestra energía intentando luchar contra el agua y comenzar a utilizar nuestros recursos para mantenernos a flote y avanzar.
La terapia no hace que desaparezca el agua. No evita que la vida nos enfrente a pérdidas, cambios, incertidumbres, conflictos o situaciones que no elegimos, ni nos hace inmune a ello. Pero puede ayudarnos a desarrollar herramientas para atravesarlas de otra manera.
Porque muchas veces no podemos elegir el vaso en el que estamos, pero sí podemos aprender a estar en él.
El vaso es igual.
El agua es igual.
La pregunta es:
¿En cuál de los dos vasos quieres elegir estar?